Orígenes de la Aduana Colonial en Puerto Cabello
Este artículo examina los orígenes de la Aduana Colonial de Puerto Cabello, desde la organización de la Real Hacienda y el cobro del almojarifazgo hasta la llegada de la Compañía Guipuzcoana, cuya actividad comercial convirtió al antiguo puerto pesquero en un centro estratégico de la economía colonial venezolana.
Establecimiento de la Real Hacienda Española
Para tener una mejor comprensión sobre las razones y circunstancias que definieron el establecimiento de la aduana en Puerto Cabello, es indispensable analizar antes el organismo encargado de suministrar los dividendos suficientes al Rey, para hacer frente a los diversos gastos y responsabilidades que este tenía entonces con la provincia, el cual era la Real Hacienda. Establecida en Coro en 1531, estaba conformada por tres oficiales reales con los cargos de tesorero, contador y factor. Cada uno de ellos disponía de una llave bajo su custodia, las tres llaves juntas abrían una Caja Real (Tesorerías en donde se captaban los impuestos de la Monarquía) de tres cerraduras; en ella se guardaba toda la recaudación junto a un libro titulado “Libro Común y General”, en donde se llevaban las anotaciones detalladas de los ingresos y egresos, debiendo cada partida ir firmada por los oficiales de su majestad. Periódicamente la Caja Real y los libros eran inspeccionados por el gobernador o un fiscal de la Audiencia de Santo Domingo.
La Real Hacienda mudaría su sede principal cinco veces, casi al mismo ritmo que se iban fundando ciudades que le ofrecieran un mejor desarrollo comercial, seguridad para resguardar sus Cajas Reales y una ubicación estratégica. En 1550, el crecimiento comercial que tenía la recién fundada Borburata, por su actividad marítima frecuentada por buques antillanos y de cabotaje, originó que una comisión de Oficiales Reales de Coro se estableciese allí para cumplir con sus funciones de recaudación, bastando solo un año para que se resolviera mudar su sede a este puerto por los beneficios que proporcionaba a la Real Hacienda. Fue entonces Borburata, plaza principal de quizás el órgano hacendístico más importante que los españoles tuvieron en la Venezuela de la mitad del siglo XVI. En esta época Puerto Cabello no había sido poblada, tardaría siglo y medio para que apareciera en la escena comercial de la provincia.
Real Hacienda: Impuestos de Importación y Exportación.
Antes de la creación de las aduanas, era directamente la Real Hacienda la encargada de la recaudación de los impuestos, entre ellos, el derecho de importación y exportación, cobrado a las mercaderías que llegaban y salían por mar o tierra, dicho tributo, durante el período colonial se denominaba Almojarifazgo, palabra de origen árabe que significa cobranza, heredada por los españoles luego de la conquista musulmana en la península Ibérica.
Según Arcila Farías, este impuesto sería el mejor indicador de la actividad mercantil existente en la provincia. Su cuantía era del 5% sobre mercancía secas y el 10% sobre vinos provenientes de la metrópolis, y el 2% a los productos exportados, luego aumentaría al 10% en los efectos importados hasta la publicación y observancia del “Reglamento del Libre Comercio”, del 12 de octubre de 1778, que estableció un 3% a los artículos de origen español importados y un 7% a los de origen extranjero. Este rubro tuvo diferentes reformas a lo largo del período colonial, dependiendo de los destinos y tipos de carga.
Como una muestra de lo anterior, y por considerarlo de altísimo valor histórico, veamos un resumen de las importaciones de ganado llegados por el Puerto de Borburata entre los años 1552 y 1559. En el mismo se detalla el impuesto de Almojarifazgo, el cual representa el 5% del valor de la carga.
Introducción de ganado mayor, caballos y mulas por el puerto de Borburata entre los años 1552 y 1559.
Establecimiento de la Aduana en Puerto Cabello.
La Real Hacienda cobró directamente los impuestos portuarios durante siglo XVI, XVII y parte del XVIII. Como consecuencia del aumento de las importaciones fue necesaria la creación de la aduana como un organismo que se dedicara exclusivamente al depósito, inspección y recaudación de los impuestos de entrada y salida de las diversas cargas.
En el caso de la aduana porteña, es posible que tal como sucedió con la aduana de La Guaira, el Consejo de Indias haya consultado la opinión de la Gobernación y la Real Hacienda de Venezuela sobre la creación de una aduana en Puerto Cabello y, además, haya tomado en consideración para su establecimiento la llegada de la compañía Guipuzcoana, que firmó el 25 de septiembre de 1728 una concesión con el Rey de España, otorgándosele la exclusividad del comercio entre Venezuela y la metrópolis, consiguiendo Puerto Cabello un papel protagónico en el comercio, por su estratégica posición, tranquilas aguas y bondades naturales. El 4 de septiembre de 1730 llegó a Puerto Cabello con sus tres buques el fundador y director de la Guipuzcoana, don Pedro José De Olavarriaga, quien de inmediato se encargó de hacer buenas relaciones con los ayuntamientos de las ciudades más importantes, mandando a establecer factorías en Caracas, La Guaira, valles de Barquisimeto, Coro y Puerto Cabello. Este último fue el principal de sus almacenes, propiciando así la construcción en su casco actual, de un complejo de alrededor de dos hectáreas, sobre un amplio terreno ganado al mar, conformado por un muelle, un astillero, y al menos cuatro edificaciones: la factoría, el hospital, la panadería, herrería y dos almacenes. De acuerdo al plano de la “rada y villa” de Puerto Cabello presentado por Depons en 1806, observamos la aduana de Puerto Cabello, ubicada en diagonal a la Factoría, hoy casa Guipuzcoana.
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Se aprecia escrito en francés la palabra “Douane”, que traduce al español “Aduana”, según el plano de Depons. |
Ubicación de la sede de la Aduana de Puerto Cabello durante los siglos XVIII y XIX, período colonial. |
Podemos concluir que la sede de la antigua aduana de Puerto Cabello fue construida a principios de siglo XVIII, formando parte de la modernización impulsada por la Compañía Guipuzcoana, dándole un nuevo estatus y un futuro prometedor al entonces puerto pesquero y contrabandista.
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